El humilde Huevo frito

Dicen del que no sabe cocinar que no sabe ni freir un huevo. Y es que freir un huevo tiene su arte. ¿Tu sabes hacerlo? pues si estas comenzando en esto de las artes culinarias, las recetas y los fogones hay que comenzar por lo básico. Comecemos por Freir un Huevo:

Ante todo usa huevos frescos, preferiblemente de gallinas que se hayan criado en el campo, a su aire. Pero si solo tines los del hipermercado tampoco pasa nada, también valen. Por cierto nunca (NUNCA) laves los huevos, los puedes conservar en el frigorífico sin necesidad de lavarlos, si tiene alguna suciedad pegada usa un trapo seco para eliminarla.

Ahora toca el aceite. No hay nada más sano y sabroso que el aceite de oliva, pero puedes usar también girasol u otro aceite para freir. Lógicamente los sabores no serán los mismos.

Usa una sartén antiadherente, no tiene que ser demasiado grande, una de 20 - 28 cm de diámetro será suficiente y necesitarás una taza o un vaso ancho, es donde echarás el contenido del huevo antes de cocinarlo.

Pues pones como un dedo de acetie en una sarten y lo calientas a fuego alto, hasta que alcance la temperatura adecuada: muy caliente, pero sin que llegue a humear. Ahora coge el huevo con ambas manos por los extremos, golpea con un golpe seco en el borde de una taza o un vaso ancho. La cáscara se romperá y simplemente te toca abrir el huevo para que la clara y yema cagan al interior de la taza. Cuando seas un experto podrás hacer esto con una mano y golpeando en el borde la sartén, pero por ahora evitemos quemaduras y sustos usando una simple taza.

Cuando el aceite esté lo bastante caliente, baja el fuego un poco y deposita rápidamente en él el huevo desde la taza. En unos momentos la clara se habrá solidificado y la yema se mantendrá líquida. Ayúdate con una espumadera para echar el aceite sobre el huevo, la idea es que al mismo tiempo la espumadera se caliente. Con la espumadera saca el huevo del aceite y ponlo en un plato. Echa un puñadito de sal en la yema y listo para mojar pan y comértelo.

Al rpincipio te slapicará el aceite, es posible que se rompa la yema al echarlo en la sartén o que se pegue a la espumadera a la hora de sacarlo. No desesperes, es cuestión de paciencia y repetición. Ahora no podrán decir que no sabes freir un huevo.

Se puede enriquecer el sabor añadiendo un ajo, sin pelar, al aceite, nos avisará de que está a la temperatura adecuada. Debe estar sin pelar para evitar que se queme y de sabor amargo. A algunas personas les gusta que la yema quede dura, basta con bañar la parte de la yenma con el aceite caliente mientras se fríe con ayuda de la espumadera. Los más habilidosos incluso le dan la vuelta al huevo en la misma sartén para logar una yema dura. Pero no lo intentes hasta que seas capaz de freir el huevo sin salpicaduras y dejando la cocina igual de limpia que al empezar.